NOTRE DAME DE PARIS y sus secretos alquimicos.

La arquitectura es uno de los grandes libros de la Humanidad; es la expresión principal del Hombre en sus diversos estados de desarrollo, ya sea como fuerza o como inteligencia.

Y una de esos grandes libros de piedra se encuentra en el corazón de París, esplendorosa ciudad que los romanos bautizaron como Lutecia y que algunos han relacionado con la “Ciudad de Isis”. La catedral gótica de Notre-Dame está construida en una pequeña isla que se encuentra en el río Sena, recordando a la isla de Filae en mitad del Nilo que acogió el último reducto del culto a Isis o a esa mítica barca que portaba a una diosa que pronto se cristianizó con el nombre de Nuestra Señora (Notre-Dame).

Esta catedral gótica parisina ha vivido grandes acontecimientos históricos desde su creación, desde la ejecución de los últimos Templarios frente a ella hasta las revueltas del siglo XIX. Sin embargo, siempre ha sido punto de encuentro para aquellos que no se conformaban con el conocimiento que poseían, acudiendo a Notre-Dame para aumentar su sabiduría sin importar de que se traspasaran los límites ortodoxos de la época…

“Los enfermos que iban a Notre-Dame de París a implorar a Dios alivio para sus sufrimientos permanecían allí hasta su curación completa”. Con estas palabras, el misterioso Fulcanelli en su obra El misterio de las catedrales describe el fin último que tenían los peregrinos al visitar la Catedral de Notre-Dame de París.

Esta obra, de lenguaje restringido para ser entendido solo por unos pocos iniciados, pone de manifiesto los grandes códigos ocultos que existen en las catedrales góticas y que permanecen invisibles a la mayoría de los visitantes.

Fulcanelli, pseudónimo de un personaje del que no se ha descubierto su verdadera identidad, asegura que durante el siglo XIV, Notre-Dame albergaba cada sábado (día de Saturno) reuniones de alquimistas en las cuales interpretaban los símbolos herméticos que se encuentran en la fachada de la catedral para posteriormente iniciar a aquellos neófitos que abrazaban un nuevo conocimiento.

También añade que el templo de la capital parisina es sinónimo de la Gran Obra levantada en piedra: los rosetones “transmutan” la luz; el sonido en el interior aparece gracias a distintos “instrumentos visibles que crean sensaciones invisibles”; y la mayoría de ornamentos de la fachada responden a procesos alquímicos, sin contar a esa escultura de un hombre con gorro frigio que representa al maestro iniciado en algo…

misterios y leyendas…

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