CASANOVA, un personaje singular

A raíz del capítulo que hicimos en Venecia titulado “La Fuga de Casanova” pues muchas personas me han preguntado mas acerca de ese personaje singular llamado Giacomo Casanova, sobre el cual, les contaré a continuación…

Giacomo Casanova

Giacomo Girolamo Casanova nació un 2 de Abril de 1725 en la entonces Serenísima República de Vencia. Sus padres eran comediantes. Su madre fue Zaretta Farussi y su padre Gaetano Casanova el cual murió cuando Giacomo tenía apenas 8 años.

Tuvo 4 hermanos. Y sus padres nunca desearon que ninguno de ellos fuese actor. Por este motivo, Giacomo recibiría desde muy pequeño la educación eclesiástica impartida por el abad Gozzi.

Aún adolescente, mostraría su habilidad intelectual, traduciendo una serie de libros en latín y realizando, cuatro años después, un par de tesis sobre Derecho Civil y otra sobre Derecho canónico.

Sería también protegido del senador de Venecia Malipiero. Bajo su tutela aprendería filosofía y ciencia. Aunque esta relación no duraría mucho tiempo, ya que desaparecería luego de que Casanova, a sus 21 años, se enredara con la favorita del senador, una cantante llamada Teresa.

Por ese motivo, su madre se lo lleva a Roma, para que entre al servicio del Cardenal Acquaviva. Adopta entonces la condición de fraile, aunque esto no le impedirá seguir con sus escarceos amorosos.

Antes de iniciar sus estudios de derecho en la Universidad de Padua, frecuentaba la casa de una maestra de bordado donde las jóvenes trabajaban la puntilla. Sus memorias permiten pensar que fue allí donde en 1742 conoció a Angela y se enamoró por primera vez, pero la inflexibilidad de la adolescente lo obligó a replegarse sobre las dos hermanas mayores, Marton y Nanette, con las cuales conoció —en una experiencia triangular— las delicias del sexo.

A partir de este momento comenzaran también sus grandes viajes y aventuras.

En esta primera vuelta, Casanova visitará Corfú y Constantinopla. Volviendo luego a Venecia, donde se convierte en violinista; profesión que no le duraría demasiado, ya que pronto le aburriría. Sin embargo, esta no es la parte más candente de historia, ya que a donde quiera que fuera, sus affaires eran continuos.

Una vez de vuelta en su ciudad natal, Giacomo se ofrecerá, gracias a su cultura, para ser médico de un patricio veneciano, cuyo nombre era Matteo Bragadin. Por sus conocimientos, Casanova logró curar al patricio de un reciente infarto. A cambio de su sanación, Bragadin le otorgará una gran suma de dinero a Giacomo, así como también lo introducirá en la magia y la cábala.

Como consecuencia de este nuevo aprendizaje será objeto de persecución de la inquisición; ya que llegara a oídos de algunos de sus miembros la posesión de ciertos libros prohibidos.

Giacomo se verá entonces obligado a huir de Venecia. De esta manera, embarcado en esta nueva aventura, recorrerá, entre 1749 y 1752, las ciudades italianas de Milán, Cremona, Cesena, Parma, de nuevo Milán y Génova, en ese orden; así como las ciudades francesas de Lyon, París y Dresde. Nuevamente continuaría con sus galanterías. Pero entre todas estas nuevas conquistas hubo una qué destacaría por sobre todas las demás, aquella que el mismo Casanova reconocería como el gran amor de su vida, aquella a la que en su obra decidió llamar Henriette.

Henriette era una mujer con cierto misterio, que caló hondo en nuestro seductor empedernido. Por ella Giacomo llegó a convertirse –por poco tiempo– en un beato, y que fue la única de quien quemó sus cartas. Estuvieron juntos solo nueve meses, sin embargo, a pesar de que se separaron luego de tan corto tiempo (aunque bastante largo para la vida de Giacomo), ella siempre tuvo presente a Casanova y en varias ocasiones mandó que lo cuidaran cuando estaba enfermo.

En 1753 vuelve nuevamente a Venecia, y dos años después es arrestado y encarcelado en los Piombo, o prisión de los “Plomos”, situada en el Palacio Ducal. La leyenda de la época aseguraba que era prácticamente imposible escapar de esa prisión. Su estadía en dicho recinto carcelario no duraría demasiado: Increíblemente escapa poco tiempo después, acompañado de un monje que conocerá en prisión. Fue la única fuga del Palacio en tres siglos. Luego de tan magna fuga volverá a exiliarse, esta vez por 18 largos años.

Se embarcaría a París, donde llegaría a codearse con Luis XV y Madame de Pompadour, al igual que con su corte. Incluso se le atribuye durante estadía, la creación de la Lotería Estatal Francesa entre 1756 y 1757, además de realizar diversas misiones secretas y visitar a Voltaire, con quien no llegó a tener una amistad por diferencias de pensamiento político. Sin embargo, no desaparecían sus ajetreos. Casanova realizaría por aquellos años un fraude en un negocio textil, falsificación de letras de cambio, y de nuevo a huir y vagabundear por Europa.

Pocos son los relatos que se conservan de él. Sin embargo, nos encontramos que por estos tiempos, un agente de la inquisición veneciana lo retratara como alguien que:

Por aquel entonces, se inventará un alter ego, con título nobiliario y todo, pasando a llamarse Caballero de Seingalt, también un nombre inventado por él.

No pasó mucho tiempo de comenzado su nuevo viaje antes de que apareciera por la ciudad de Zúrich, lugar en el que, aunque parezca extraño, se enclaustra en una abadía. No pasa mucho para que reciba, en Roma, una condecoración del Papa Clemente XIII. Además, dejará embelesado a Federico II, el Grande de Prusia, quien le ofrecerá el mando de los cadetes de su ejército. Incluso llego a conocer a Catalina, La Grande, durante su estadía en la ciudad de San Petersburgo.

España no se quedaría fuera de su recorrido. Allí, en Madrid más precisamente, se involucraría en un proyecto, probablemente plan suyo, para lograr la colonización de Sierra Morena que incluía a suizos y alemanes como futuros residente de dicho sitio. En su estadía en el país Ibérico compondría un libreto de ópera, en Aranjuez. Y las mujeres españolas tampoco escaparon a sus encantos: Casanova mantendría una aventura con las españolas doña Ignacia y Nina, esta ultima la amante oficial del influyente virrey de Barcelona, el conde de Ricla. Esto lo llevaría a acabar encarcelado en dos ocasiones en su visita a los hispanos: La primera, en el Buen Retiro tras ser denunciado por posesión de armas – en la cual intervendría a su favor el Conde de Aranda –, y la otra, por liarse con Nina, motivo por el cual pasaría 42 días encerrado en 1768.

Libre de las cárceles españolas visitaría Italia, más precisamente Nápoles, con el objetivo de ver en que andaba una de las hijas que tuvo entre tantas relaciones: Leonilda. Con ella mantendría relaciones incestuosas, a pedido del marido de Leonilda (quien desconocía de la paternidad de Giacomo respecto de su mujer). Al mismo tiempo tendrá ciertos affaires con una de las doncellas y con Lucrezia (la madre de su hija).

En 1771 se decide por escribir un libro, además traducirá La Ilíada de Homero. Y de nuevo a Venecia, allá por 1774, no sin antes cumplir a favor de la ciudad, probablemente como espía internacional, para poder volver a entrar. Pero nuevamente la perdición, esta vez por vengarse de la acusación de unas deudas. El beneficiario de estas supuestas deudas era un noble llamado Carlo Grimani, y la venganza de Casanova fue algo singular: consistió en publicar una novela en donde decía que Carlo era hijo ilegítimo. De nuevo el destino lo invita al exilio en 1783.

Otra vez un tour por toda Europa. En esta nueva andanza partirá de Viena (el primer lugar al que lo lleva su exilio) para luego recorrer Bolzano, Augsburgo, Aquisgrán, Spa, Paris, de nuevo Viena, Dresde, Berlín y Praga. En este último sitio se encuentra nada menos que con Wolfgang Amadeus Mozart, que casualmente está componiendo su ópera Don Giovanni. Se dice, incluso, que esta composición está inspirada un poco en los romances que Casanova le contó al compositor alemán en Viena.

En 1785 entabla amistad con el conde Waldstein, aficionado a la masonería, igual que Casanova. El conde le ofrecerá a Giacomo hacerse cargo de la biblioteca que posee en Dux, Bohemia. Casanova acepta, pero en su estadía no llega a ser feliz y como terapia a su tristeza comenzará a escribir las memorias de su vida. Las cuales no llegó a terminar, ya que muere en 1798 con 73 años. Hasta entonces solo había logrado relatar solo 46 años de aventuras amorosas y demás avatares.

Sus relatos permiten calcular que durante su vida viajó 40 mil kilómetros, distancia equivalente a la vuelta al mundo siguiendo la línea del ecuador. Teniendo en cuenta los medios precarios de su época —barcos, caballos y carrozas—, se trata de una verdadera proeza.

Puede haber alguna exageración en sus crónicas, pero existen pruebas concluyentes de su paso por Constantinopla (la actual Estambul en Turquía) a San Petersburgo (Rusia), de Dresde (Alemania) a París, de Viena a Londres, de Ámsterdam a Berlín, de Varsovia a Roma, de Nápoles a Florencia, Génova… donde encontró personajes tan disímiles como Voltaire, Rousseau, Cagliostro, el poeta Giorgio Baffo, Mozart, Madame Pompadour —la excitante amante de Luis XV— , la zarina Catalina II de Rusia y decenas de reyes o emperadores.

Aunque sus viajes fueron muchas veces forzados por las circunstancias, tenía un espíritu verdaderamente cosmopolita. Hoy se diría que era un “europeo”. Esa definición significa que, sin despreciar las fronteras ni las identidades nacionales, se reconoce mejor en una cultura, una tradición y una comunidad de valores que nacieron con el movimiento de la Ilustración precisamente durante el Settecento.

De las 24 obras que Casanova publicó en su vida, una de las pocas que pasó a la posteridad fue Historia de mi vida. En esas 3.700 páginas, Casanova dejó testimonios y evidencias de haber tenido, por lo menos, 132 «conquistas amorosas». Con todo, es una cifra mucho más modesta que las 2.065 aventuras que le atribuye Mozart en la contabilidad provisoria que realiza en su ópera Don Giovanni.

In Italia seicento e quaranta;
In Alemagna duecento e trentuna;
Cento in Francia, in Turchia novantuna;
Ma in Ispagna son già mille e tre.

El manuscrito de Historia de mi vida, redactado en francés, que era el idioma más hablado en Europa, fue comprado en 2010 por la Biblioteca Nacional de Francia (BNF), gracias a la generosidad de un mecenas que firmó sin pestañear un cheque de 7 millones de euros con la única condición de preservar su anonimato.

Se trata, según los especialistas, del único ejemplar. Las otras versiones que han circulado por el mundo están consideradas como “copias sin valor”.

Los 3.700 folios de esa obra monumental —que comporta tachaduras, enmiendas, palabras rayadas y páginas despedazadas— están atesorados en el edificio François Mitterrand de la BNF, ubicado junto al Sena al lado del puente de Bercy.

Si visitan Venecia, pueden conocer el primer museo dedicado a Giacomo Casanova. Se encuentra en el Palazzo Malipiero, San Marco 3198, Venecia. https://casanovamuseum.com/

EL VIDEO SOBRE CASANOVA:

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